"NO MIRAR, NO HABLAR, NO TOCAR"....

Cuántas veces hemos escuchado el famoso lema: “no mirar, no hablar, no tocar”…cuantos educadores y gente de a pie lleva esta consigna impregnada en su forma de estar con los perros. Analizando la vamos a ver de dónde procede: la primera vez que la escuché (al menos yo) salió de un famoso programa de televisión de adiestramiento canino en el cual el protagonista principal era un “profesional” cuya filosofía de trabajo está basada en las jerarquías. La jerarquía en perros y caballos es un tema que me resulta bastante tedioso porque es algo que ya está desmentido desde hace tiempo. Pero aunque debería de estar bastante claro por desgracia me encuentro muy a menudo con personas e incluso “profesionales” que siguen basando su forma de trabajo en la errónea teoría de la dominancia. Entonces si nos basamos en que este emblema de “no mirar, no hablar, no tocar” sale de una persona que tumba a perros a la fuerza para tranquilizarlos…

algo no irá muy bien. Evocando a la fuente cuando alguien escucha esa frase le viene automáticamente alguna imagen de las muchas veces que en este programa se ha dicho invadiéndole la energía y predisposición de una persona que desde mi punto de vista no tiene la ética demasiado trabajada, y que desprende prepotencia y necesidad de imposición, de forma que inconscientemente nuestro cuerpo y nuestra energía se impregna inconscientemente de esa esencia de macho alfa al escucharla o decirla.


Y atendiendo a mi conciencia de lo que es un perro y cuáles son sus necesidades según la filosofía con la que trabajo después de mi encuentro con Tartaruga educación canina, tendría algunas acepciones que añadir. Entonces analizando el lema:


“NO MIRAR”: podría compartir que cuando miras en exceso a un animal lo terminas incomodando, y más concretamente cuando hablamos de no mirar a los perros estamos evitando prestar atención a un animal que quizá no te conoce, para evitar varias cosas: que no se incomode cuando lo miramos (cosa que pasaría igual si lo hiciéramos a una persona que acabamos de conocer y la que increpamos con la mirada); que no se excite cuando nos encontramos con un animal con pocas herramientas madurativas y una necesidad de interacción con las personas que se eleva hasta el punto de que si te sobrepasas unos segundos con la mirada en lugar de incomodarse se acerca para recibir interacción ;o incluso una necesidad del humano de no ser visible por la falta de seguridad que podría tener si se llegase a dar una interacción. Pero en el fondo si lo pensamos imaginaros que entráis a un sitio nuevo con personas y evitáis rotundamente el contacto visual, las personas que estén dentro probablemente piensen que te pasa algo o simplemente que eres un maleducado. Por otro lado imaginaros que entráis y miráis fijamente a alguien, esa persona puede llegar a incomodarse por la fijación de tu mirada, e incluso sentirse en peligro. Pero si nos damos cuenta ninguno de los dos extremos los realizaríamos en cualquier situación normal de humanos en sociedad, pero en los perros provocamos la ignorancia o cometemos la falta de educación de no saludar con la mirada, y todo por nuestra torpeza a la hora de interaccionar con animales.


“NO HABLAR”: el no hablar es bastante similar al no mirar puesto que también somos de extremos: o montamos una verbena cuando conocemos a un animal o no nos expresamos con naturalidad. Y como imagino que lo de montar una verbena tenemos claro que no es nada respetuoso a la hora de presentarse y puede resultar muy incómodo para el animal, nos vamos al otro extremo: no hablar. Los humanos por suerte o por desgracia somos animales que nos comunicamos a través del lenguaje, es algo intrínseco en nosotros y que nos permite expresarnos de una forma muy amplia, y no es solo por lo que digamos (cosa que no suele engañar a los animales) si no por cómo lo digamos, ya que encontramos características como la entonación o el volumen que nos indican cosas más allá de las palabras (para mi es la parte más sincera del lenguaje) porque tiene la capacidad de expresar sensaciones. Entonces cuando vetamos esa parte tan humana nos encontramos con un humano que se siente coartado a expresarse con naturalidad, su naturalidad (puesto que para nosotros hablar es natural) y que encima da al animal una sensación de que se está conteniendo algo. Porque aunque yo pienso que las palabras entorpecen bastante la interacción con animales, para mí entorpece bastante más la carga moral que implica para muchos humanos no poder expresarse. Claro está que para no entorpecer al perro por nuestra naturaleza, son los educadores caninos los que deberían enseñar a la sociedad a tener una comunicación hablada sincera, igualitaria (sin menospreciar sus capacidades) y respetuosa hacia los animales.

Y por último “NO TOCAR” el gran dilema. Para la mayoría de los educadores los perros no se pueden tocar, es una gran falta digna de novatos. Y sinceramente he visto a personas tocar a perros en momentos muy poco acertados, pero no creo que podamos criminalizar el contacto por culpa de nuestra falta de lectura en la comunicación, porque para mí la mayoría de esos malos momentos de contacto se podrían escudar en una falta de comprensión de la persona hacia lo que se está desarrollando en ese momento. Por ejemplo, alguien que cuenta un chiste cuando hay dos personas llorando apenadas por un tema. No puedo decir que contar chistes sea algo malo, podría decir que esa persona no ha sabido leer la situación en la que se encontraba y ha hecho algo fuera de lugar. Entonces partiendo de que para mí es irrespetuoso tocar a un animal que no conoces y no te ha tocado primero e incluso te ha pedido contacto, yo creo que los perros sí que necesitan contacto. Y con esto no quiero dar vía libre a aquellas personas que agotan diariamente a sus perros con un exceso de caricias increíble que incluso termina degenerando en una necesidad y dependencia por parte del animal. Porque de hecho ni siquiera he dicho que los perros necesiten ser acariciados, he dicho que necesitan contacto, y cuando me hablo de contacto me refiero a uno de calidad, cuya función es la demostración de cariño, no la necesidad de poner al perro por las nubes del estrés. En realidad para nosotros que somos simios y que tenemos manos el tocar es casi vital, porque es una enorme forma de expresión con la los humanos que vivimos el mundo a través del contacto. De hecho el tocar es algo tan intrínseco de las personas que nos deshumaniza no poder hacerlo (por ejemplo la prohibición de contacto en la pandemia nos ha afectado a todos). Tocar es una parte de nosotros, una forma de expresarnos y sentir el mundo…pero no es exactamente compartida por los perros o los caballos que carecen de manos y disfrutan del tacto de forma diferente, contactando con el cuerpo o incluso compartiendo espacio. Ellos le dan más importancia a la simple compañía que al contacto en sí, porque al final el contacto es algo muy íntimo. Entonces los humanos debemos tener en cuenta la no necesidad de ser tocados de los animales y asumir que en realidad es más necesidad nuestra que suya. Pero si nos paramos a pensar los perros comparten su vida con simios que tocan, y al final el contacto casi diría que ha entrado en su actual forma de vida, porque los perros y los caballos que tienen más cabeza que los humanos han entendido que para nosotros es importante el contacto y han aprendido a interpretarlo e incluso a disfrutar

nuestra particular forma de expresar cariño. Entonces yo pienso ¿si los animales han sido capaces de regular, interpretar e incluso disfrutar de nuestro contacto, por qué no nos esforzamos en por lo menos en aprender a ser respetuosos a la hora de tocar? Porque al final yo entiendo que es una necesidad imperiosa el tocar, pero si lo hacemos con consecuencia y aceptando que la mayoría de veces es más nuestra necesidad que la del perro, quizá seamos más coherentes a la hora de hacerlo.


Como hablé una bonita tarde con mi buena amiga África, en el fondo para mi es una pena que la mayoría de los humanos seamos tan extremistas de tocar hasta agotar a los animales o dejar de hacerlo de forma militar y tocar con un pensamiento de fondo (“te toco pero no debería”) creando una culpa y una carga moral que hace que lo poco que se puedan llevar los animales de nuestro contacto, que es la transmisión de emociones, se pierda en la culpa. Porque en el fondo para mí los animales necesitan contacto. Necesitan un contacto que va más allá de tocar: necesitan compartir el espacio, necesitan contactarnos, y disfrutan también de una caricia que transmita emociones. Entonces igual que los animales hacen un gran esfuerzo por entender nuestra necesidad de contacto los humanos deberíamos aprender a ofrecer un contacto de calidad y respetar las otras formas de contacto que experimentan los animales, experimentarlas e incluso aprender a disfrutarlas. A sí que invitaría a aquellas personas que tengan perro o contacto con ellos y a educadores caninos a que dejaran atrás esa consigna que muchos llevamos (directamente o indirectamente en nuestro interior aunque no lo reconozcamos) que se olviden del “no mirar, no hablar y no tocar” y lo cambien por un “mirar con respeto, hablar desde la sinceridad y tocar con coherencia” .Para que el gran tabú de tocar perros se elimine y las veces que contactemos con ellos sea para enriquecernos mutuamente( sin culpa) , además de probar las otras formas de contacto de los animales como es el simplemente compartir espacio.















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