La necesidad humana de ser protagonista

Actualizado: jun 7


La mayoría de las personas dicen que los animales son inteligentes .Afirman que pueden ser muy listos, que son capaces de pensar, razonar y aprender muchas cosas. Pero continuamente veo como muchas veces de forma inconsciente subestimamos a nuestros animales interviniendo para ayudar en situaciones en las que quizá solo se están tomando su tiempo para pensar, o simplemente tienen su plan de acción establecido en su cabeza y es diferente a cómo lo haríamos nosotros. Son esos momentos en los que sin querer estamos cortando un aprendizaje brutal por nuestra necesidad de intervención. Y analizando esta necesidad de intervención ¿qué hay realmente detrás de ella? Para mi hay dos opciones: la primera es el concepto por parte del humano en el que realmente subestimamos las capacidades de los animales creyendo que sí que tienen inteligencia, son capaces de pensar, de razonar e incluso de aprender cosas, pero que necesitan nuestra ayuda para conseguirlo. Creemos que los animales necesitan nuestra ayuda para aprender ciertas cosas y que no son capaces de tener una comprensión final de esta. Por ejemplo cuando tenemos un perro y no queremos que cruce la carretera (porque no lo pille un coche) le enseñamos a pararse en el paso de peatones o a esperarnos en el borde de la carretera para que no pueda pasar hasta que nosotros lleguemos y miremos si vienen coches para decirle cuando no hay peligro. Y digo yo ¿es que ellos no tienen ojos en la cara?... ¿porque escogemos ese camino en lugar de explicarle a nuestro perro que lo peligroso de esta situación no es la carretera en sí, sino el coche que lo puede pillar?... pues porque en el fondo pensamos que él no es capaz de entender ese concepto tan complejo, por eso directamente simplificamos el mensaje haciendo que una parte importantísima de la historia se la pierda de manera que algún día si ese perro que siempre se paraba en el filo de la carretera a esperar a que le dijéramos si pasar o no se escapa o pierde, cruzaría carreteras a lo loco porque no tiene el comodín del público que le diga cuándo pasar. Y lo malo es que nadie le explico las reglas de juego completas con los parámetros de que el problema son los coches.

Y la segunda opción que es aún más inconsciente que la primera, es que tenemos miedo a que los animales no nos necesiten, queremos que nuestro amigo y compañero comparta sus vivencias con nosotros, cosa que no está mal si es elegida por el animal, y sobretodo poder sentirnos orgullosos de sus logros. Yo entiendo que eso es precioso porque es una sensación increíble ayudar a un caballo a superar su miedo a la cabezada por ejemplo, y te da una gran satisfacción el hecho de ver que ese animal ha avanzado gracias a tu ayuda, pero algunas veces nos colamos en esa ayuda por nuestra prisa por avanzar o nuestro afán de protagonismo. Muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que el animal está tomándose su tiempo para deliberar como resolver su conflicto o incluso si le merece la pena hacerlo y entramos nosotros con nuestro papel de salvador a intervenir en la vida y las decisiones de otro ser vivo que en el fondo ni nos va ni nos viene y nos tomamos la libertad de intervenir en un momento incorrecto o incluso a adelantarnos a su posible forma de hacer las cosas por el simple hecho de participar en el aprendizaje.

Por ejemplo el otro día estaba acompañando a Carey mientras miraba el camino de la calle (cosa que adora) y vi como había crecido la hierba en el pasillo que queda entre las dos puertas. Esa zona es una zona en la que él no pasa no sé exactamente porqué, no sé si es por un pequeño bache de tubo de hormigón que tiene que pasar o porque lo ve un lugar muy estrecho y difícil de salir rápidamente si la cosa se pone fea (u otra historia suya, la verdad es que no lo sé). En ese momento pensé anda cuanta hierba hay podría ayudarle a que se le quitara ese miedo, porque los otros pasan y no entiendo porque él no… entonces me levante y me acerque al pasillo y le dije “¿oye quieres que te ayude a pasar aquí que hay mucha hierba fresquita?”. Carey se giró, me miro y me ignoro rotundamente mientras seguía a su tarea que era bastante más interesante que yo. Entonces me di cuenta de lo absurda que había sido mi intervención, porque claro que él había visto la hierba (mucho antes que yo seguramente) pero por lo que sea no quiere entrar ahí y no necesita que le ayude simplemente que respete su decisión. Entonces es en esos momentos en los que uno se da cuenta del afán de protagonismo y de sentir que ayudamos que tenemos a veces. Porque él me pide ayuda cuando lo necesita realmente, y Carey es un animal que disfruta resolviendo sus situaciones y sus miedos solo. De hecho hay algo que siempre me impresionó y es que siendo un animal tan asustadizo su forma de afrontar los miedos o situaciones desconocidas es muy contundente: él coge distancia, piensa sus historias y cuando las tiene claras va con todo e incluso se molesta si yo no estoy lo suficiente espabilada para seguirle el ritmo. Y para ser sinceros al principio de estar con él, mi caballito… ese que llevaba 9 meses que se me hicieron larguísimos esperando su llegada y deseando tenerlo conmigo, me decepcionaba un poco lo poco que me necesitaba. Acostumbrada a caballos que te preguntan más, no se acercan a algo si no les ofreces la ayuda, que son tan inocentes… a los que disfrutas ayudando, me encuentro con Carey un caballo que tiene bastantes herramientas y que no necesita mi ayuda. En muchas situaciones, al revés veo un “oye no te pongas en medio que estoy intentando entender esto”. A mí me alucinaba tener un caballo tan echado para adelante y con tantas ganas de entender, pero en el fondo de mi me sentía un poco desplazada cuando el avanzaba, pero al menos lo entendí y no le corte sus alas por mi necesidad de sentirme útil.

Paralelamente a mi lucha interna Carey fue viendo que yo intentaba no molestarle mucho y seguir sus decisiones y formas de explorar las cosas en la medida de lo posible, y es ahí cuando empecé a ver que el en algunos momentos me miraba pero no para pedirme que hacer si no era más bien un “yo puedo, ¿pero estas ahí por si acaso no?” o incluso un “ tía mira, esto mola, ¿tú qué opinas?” y la verdad es que me di cuenta que disfruto bastante más cuando mis animales comparten orgullosos de sí mismos sus logros conmigo, o me dicen que ellos pueden pero que me quede cerca por si acaso. Porque la verdad es mucho más satisfactorio ver que un animal que no te necesita quiere que lo acompañes para comentar sus logros contigo, y para ellos yo creo que es más satisfactorio que les ofrezcamos nuestra ayuda eliminando ese afán de protagonismo y que nos empecemos a sentir orgullosos de los capaces que son. Y si empezamos a desplazarnos del plano principal hasta un papel de mero espectador o acompañante que está ahí si nos piden ayuda podremos ver que quizá esos caballos o perros que pensábamos que necesitaban nuestra ayuda tantísimo, solo necesitaban un poco de tiempo para dejarles hacer a su manera y ver cómo les ofrecemos una ayuda desde el acompañamiento más que desde la guía. Entonces podremos ver como la autoestima de nuestros caballos o perros irá subiendo y cada vez serán más capaces y nosotros (además de luchar con nuestros demonios) disfrutaremos de igual o aún más de los logros de nuestros animales.


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