Dejemos de enseñar y aprendamos a escuchar

Realmente hay algo de lo que me he dado cuenta después de mi última formación con Tartaruga educación canina y tras un tiempo de empezar a escucharme a mí misma, y es que hay algo que los humanos no solemos hacer y es pararnos a escuchar. Continuamente veo personas que siguen consejos de la televisión , de su vecino, de internet o incluso de algún “profesional”, sobre cómo educar a su perro, y a veces escucho cosas increíbles hablándome de dominancia, herramientas de tortura enmascaradas con el nombre de “material de trabajo”, o ,algo que me parece increíble: la visión de su perro como un ser tonto e inferior que no es capaz de razonar. Y algunas personas tras hablarles de lo innecesario que es por ejemplo el collar de pinchos que le han recomendado, me han confesado que en realidad ellos no querían ponerlo porque les daba pena, pero que el supuesto profesional se lo ha recomendado y ellos querían ayudar a su perro, así que lo hicieron. El punto en esta cuestión no es solo la falta de formación que encontramos en muchos educadores caninos, que también, sino la falta de escucha que tenemos los humanos hacia nuestros animales. Porque a ese perro al que le ponen el colar de castigo para enseñarlo se le tuvo que quedar una cara de alucine increíble cuando recibió el primer tirón. Y estoy segura que si ese dueño se hubiera parado a considerar la opinión de su perro del collar se lo hubiera quitado en el momento.

Pero el gran problema que tenemos los humanos es la falta de escucha que tenemos hacia nuestros animales. Y lo sé porque yo lo he vivido. Cada vez que hacia algún seminario de educación canina o equina llegaba a casa con las ganas y la ilusión de ayudar a mis perros, porque…¡ya tenía la receta!, y mis animales pacientemente escuchaban atentamente mi explicación de cómo los iba a ayudar porque ya sabía cómo, ya sabía lo que necesitaban…y yo ahora pienso que mis animales, que siempre me acogieron y me adoptaron como a uno más con los que echa siestas, jugar, tomar el sol…estarían diciendo “madre mía esta chica lo difícil que nos está saliendo”...y estarían esperando a que algún día se me ocurriera la gran formula de preguntarles cómo ayudarles, en lugar de decirle yo a ellos cómo necesitaban mi ayuda. Porque como somos los humanos…cuanta soberbia tenemos para ponernos delante de un animal al que queremos a ayudar y explicarle cómo lo vamos a hacer en lugar de preguntar de qué manera necesita que lo hagamos.

La verdad muchas veces me he sentido mala alumna trabajando con una u otra filosofía, cuando llegaban esos momentos que me salían cuando trataba con animales que me desviaban de todo el plan de acción que generaba para ayudarles, eran esos detalles los que me hacían experimentar momentos increíbles (mis momentos de improvisación, como los llamo) llenos de dos sensaciones: por un lado una total sensación de incertidumbre realizando algo que ni yo sabía cuál era su protocolo y que empezaba cuando veía que el animal con el que estaba me proponía una manera de hacer que me hacia sentir mal si rechazaba, porque su cara solo me decía que le dejara probar a su manera ;y por otro lado una maravillosa satisfacción al ver que las cosas fluyen sin necesidad de tanta historia más allá que la de escuchar al de enfrente. Normalmente de estos momentos de improvisación salían experiencias increíbles, de echo las mejores experiencias que he vivido con animales han empezado con un “a ver qué pasa si lo hacemos a tu manera…” en mi cabeza. Y la verdad es que hay momentos que no me creerían si los contara, pero han sido regalos que nunca olvidare.


Y ha sido esta última situación con mi caballo Carey, que me ha vuelto a dar una de sus lecciones… la que me ha hecho reflexionar sobre el tema. Para poneros en antecedente voy a ver a Carey y viene de manera extrañamente directa hacia mí, yo le saludo y sigo mi camino. Él para en frente de mi otra vez y me abre la boca de manera extraña como si fuera un bostezo en el que veo debajo de su lengua algo extraño, le pregunto “¿Carey que te pasa?” y me vuelve a abrir la boca, pero no termino de ver nada. Entonces entro le pongo la cabezada y es cuando me doy cuenta de que tiene la zona de debajo de la lengua roja e hinchada y veo una espiguita clavada en las encías….Carey, Spirit y Calé (mis tres chicos), se habían hecho unas llagas por una mala bala de forraje que me vendieron. Vino el veterinario les miro la boca, quitó las espigas y me mandó que les hiciera baños con agua, sal y vinagre. Yo lo primero que pienso es “ostras… ¿cómo le voy a hacer los enjuagues a Carey?” y pensé bueno es por su bien…. Entonces después de dos días peleándome con él, me paro y pienso, joder… si fue el mismo el que me enseñó las llagas, no es la primera vez que él me ha dicho cuándo y cómo curarlo, por qué debería decidir yo que hacerle eso es por su bien… sin preguntar. A todo esto Spirit se enjuagaba solo, le daba el cacharro y el bebía y lo escupía.

Entonces fue cuando me planteé que prefería que Carey tardara más en cicatrizar las heridas pero darle la opción (ya que no era una situación de vida o muerte) de que decidiera si quería enjuagarse sólo (cosa que dudaba porque ya probé con él el primer día). Entonces fue el pasado sábado cuando antes de irme le puse el cacharro con el mejunje a Spirit para que se enjuague y para mi sorpresa Carey se acercó y se enjuago también. Entonces me paré y pensé, jolines como no me he parado a pensar que Carey que tenía unas enormes heridas en la boca quizá no quería enjuagarse el mismo día con la boca ensangrentada porque debería de dolerle un montón, y que quizá solo necesitaba dos o tres días para querer empezar a tratarse.

Y es que realmente deberíamos pararnos a escuchar a quien queremos ayudar, sin subestimarlo, porque quien mejor que ellos para saber cuál es la mejor manera de ayudarles. Y la verdad es que para mí además de ser responsables cuando elegimos una filosofía que trabaje desde el respeto y la coherencia con los animales, también deberíamos mirar más allá de un plan de acción a quien tenemos delante y dejar la soberbia a un lado, y cambiar el papel del salvador que viene a ayudarle con su maravilloso plan por alguien que viene a ayudarle pero está abierto a sus sugerencias, porque quien mejor para saber cómo necesita ser ayudado que aquel al que vamos a ayudar.

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